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¡Menos lobos! ¿Realmente hacemos el amor dos veces a la semana?


Traslado la pregunta a tres especialistas en el tema, que responden
al alimón: “¡La semana que lo logramos es una fiesta!”


MANUEL DÍAZ PRIETO (c) LA VANGUARDIA

Más de 317.000 personas de 41 países han participado en la que – según el fabricante de preservativos que la impulsa- sería la mayor encuesta a nivel mundial sobre actitudes y comportamientos sexuales.

Un dato llama la atención y concita los titulares de los medios: la media planetaria se sitúa en 103 relaciones sexuales al año. España se mantiene ligeramente por encima con 105 veces, lejos de las 138 de los griegos y muy por encima de las 45 que confiesan los japoneses.

¿Realmente hacemos el amor dos veces a la semana?, pregunto a una decena de personas de mi entorno. La mayoría pivota entre el escepticismo y la envidia. Sólo una confiesa que cumple casi cada día.

Los especialistas en sondeos advierten de los riesgos de que la muestra sea demasiado pequeña para sacar conclusiones fiables. Pero, ¿cuál es la fiabilidad de centenares de miles de respuestas anónimas realizadas a través de internet sobre un tema tan personal?

Imagine la sinceridad de su respuesta ante un cuestionario de este tipo. Es una buena forma de calibrar su credibilidad. Eso, si logra sobreponerse a la actitud mayoritaria de pensar que el resto del mundo anda dale que te pego y que es usted el único que no se come un rosco.

Los laboratorios de estudios sociales ya conocen la tendencia de la gente a quedarse corta cuando le preguntan sobre su consumo de alcohol o tabaco y a exagerar claramente sus proezas sexuales. Lo explica Antonio Casaubon, presidente de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS): “En este tipo de encuestas, el varón parece que juega al parchís: se come una y cuenta 20, mientras la mujer tiende a todo lo contrario.

Y estas variables son muy difíciles de controlar en los sondeos, por lo que hay que ser conscientes de que sus datos son meramente orientativos, nada más.”

¿Qué lleva a los hombres a exagerar?, pregunto. “El peso del estereotipo, que en nuestro país está encarnado por el macho hispánico, y que junto a la tendencia a responder lo que pensamos que se espera de nosotros, nos lleva en ocasiones a confundir nuestros deseos con la realidad”.

¿Por qué tanta preocupación por la cantidad? La frecuencia de la actividad sexual ha preocupado siempre. Hace tiempo, porque se temía que un exceso de práctica perjudicara la salud del cuerpo y del alma; en nuestros días, porque inquieta no estar a la altura de las circunstancias y no ser normal por quedarse corto. Y siempre existieron criterios para determinar la frecuencia que se consideraba aconsejable o no.

El psiquiatra Jesús Ramos, que también ha ejercido la sexología clínica, ha documentado algunas de estas pautas a lo largo de la historia. En el Talmud se señalaba que cuando un hombre tuviera una actividad que se lo permita (no ser marinero, por ejemplo, pues estaría ausente de casa largos periodos de tiempo) debería tener relaciones sexuales a diario.

Una de las cartas de san Pablo a los Corintios recomienda que haya acuerdo entre los esposos para mantener relaciones sexuales todo lo frecuentes que fueran necesarias para evitar que la abstinencia pudiese generar tentaciones pecaminosas.


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