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El gobierno de Bush y Cheney es igualito a cualquier gobierno de latinoamérica.

WASHINGTON/AP — En su campaña presidencial del 2000, George W. Bush dijo que juraba sobre la Biblia restaurar el honor y la dignidad de la Casa Blanca y darle “una muy buena lavada”. Pero el veredicto contra I. Lewis “Scooter” Libby no representa lo que esperaba el mandatario.

El caso pone de manifiesto los mecanismos internos de una presidencia asediada y el mundo secreto del vicepresidente Dick Cheney.

Asimismo, muestra los extremos a los que Cheney fue capaz de llegar en el 2003 para desacreditar a Joseph Wilson, fuerte crítico del gobierno. Las afirmaciones del ex embajador pusieron en duda los argumentos del gobierno para iniciar la guerra contra Irak. Y el caso de Libby señala la cooperación del presidente con Cheney para los ataques contra Wilson con material filtrado a la prensa.

Libby, quien era el jefe de personal de Cheney, fue declarado culpable el martes de cuatro cargos de obstrucción a la justicia, mentira y perjurio durante una investigación sobre las acciones del gobierno para dar a conocer la identidad de la agente de la CIA Valerie Plame, esposa de Wilson.

El veredicto “le causa un gran daño al gobierno de Bush”, dijo Paul C. Light, profesor de la facultad de ciencias políticas de la Universidad de Nueva York. “Deja sin bases la promesa del presidente de conducirse éticamente. Pero la consecuencia más grave es que pondrá en duda la permanencia de Cheney en el cargo. Podría ser este el momento para que Cheney presente su renuncia”.

Sin embargo, eso no es seguro, ya que Bush en ocasiones anteriores ha defendido a su vicepresidente.

El juicio, el cual incluyó un mes de testimonios, tiene también importancia al darse en momentos en que el gobierno trata de sustentas sus afirmaciones de que Irán le está proporcionando municiones modernas a los rebeldes chiís en Irak, a fin de usarlas contra los soldados estadounidenses.

Los críticos del gobierno sospechan que las autoridades tratan de preparar el terreno para aislar o incluso atacar Irán, usando informes de inteligencia que no presentan toda la verdad, como en el caso de Irak.

Wilson, un diplomático retirado, ha acusado al gobierno de manipular informes de inteligencia para sustentar sus argumentos en favor de la invasión de Irak. El juicio genera una serie de cuestionamientos sin resolver que llevan a las oficinas de Bush y Cheney.

Los testimonios y evidencias no señalan si dirigieron las acciones para dar a conocer la identidad de Plame a los medios de comunicación, pero el juicio si muestra que Bush retiró el secreto sobre informes de espionaje previos a la guerra que Libby filtró a la reportera Judith Miller, del New York Times, en una acción tan secreta que ningún otro funcionario estaba al tanto de ella.

La Casa Blanca se ha negado a hacer declaraciones sobre la posibilidad de un indulto presidencial para Libby.

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