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Adriano Miguel dice que es difícil encontrar a un político serio, en el que podamos confiar. Voy a invitar a Diógenes a buscarlo, misión imposible.

A.M. – Políticos

Ahora, cualquiera es político. Los más agresivos, los que probaron su valía pegando afiches que afeaban las ciudades y que violaban la propiedad ajena en sus actividades, y que luego sirvieron para todo, hoy aparecen ellos mismos en los afiches como candidatos a cargos de honor.

Los otros, los que escalaron a través de los rangos partidarios, se acostumbraron tanto a la lisonja a los “líderes” y al mal hacer partidario, que poco puede esperarse de ellos.

Para ser político ya no se requiere cierto nivel de seriedad, ni vocación de servicio público. Un primer requisito parece ser no tener un empleo conocido, haberse graduado de una mala universidad o no tener escrúpulos.

Por supuesto que los partidos tienen gente buena, pero éstos poco pueden hacer ante la turba vociferante.

¿Qué pueden llevar esas personas a las instituciones oficiales a las que aspiran, o sea, al Poder Legislativo y a los ayuntamientos?

Pues no más de lo único que saben: un ejercicio de la política como el arte de sobrevivir y obtener algo a cambio, que en su nuevo ambiente será mucho.

Ese cambio de status se traduce en leyes y resoluciones que los favorezcan y en la lucha a muerte por conservar su espacio que se lo ha dado todo. Por eso nuestras campañas son violentas.

Hay que salir a votar en contra de los que se reflejen en ese espejo. Hay que salir a votar por una razón de orden práctico: como quiera te van a gobernar, así que trata que te gobiernen los mejores.

Hay que salir a votar porque el país está en medio de una revolución económica. Tenemos también que hacer la revolución política, eso sí, por medios democráticos.

atejada@diariolibre.com

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