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¿A qué se dedica la gente importante cuando nadie les ve?


Decir que uno va al Foro Económico Mundial de Davos queda respetable si lo dice ante una audiencia que sepa qué es eso. Pero además de hablar de economía y de cosas importantes como, por ejemplo, del futuro del mundo y de las inversiones de los “dueños del mundo”, la gente se dedica a hablar de sexo, emborracharse con bebidas carísimas y a bromear. Y nosotros aquí: el mundo, definitivamente, está mal repartido.

“Creo, y quiero que esto quede claro, que el senador John McCain y yo no estamos casados”.

Son palabras de Bill Clinton cuando se le preguntó acerca de si el próximo Presidente de Estados Unidos estaba en la sala.

Y claro, se referían a su esposa, Hillary Clinton. Pero el viejo Bill, hábil en estos derroteros, salió del embrollo con gracia y donaire: estaban allí para hablar de economía, no de esas cosas.

No como su sustituto en la Casa Blanca, que pasó apuros para responder a una pregunta comprometida.

Pero al margen de Bush, los norteamericanos saben montárselo bien. Y si no que se lo pregunten a los dueños de Google, el popularísimo motor de búsqueda.

¿A qué les suenan estos nombres?: Chateau Margaux 1979, Chateau Gruaud Larose 1989, magnums de champagne Krug 1990 o Paulliac Chateau Lynch-Bages de 1955.

Pues sí: vinos y champagnes carísimos, aderezados con ostras y langostinos para su fiesta privada.

Y sexo también hubo. Entre los derroteros de la nueva economía y el futuro del mundo mundial, un hueco para que los tan ocupados dirigentes cuenten sus intimidades.

Hasta la afamada sexóloga Dagmar O’Connor, organizadora de la charla, se mostraba sorprendida:

“Me sorprendió ver a la gente tan abierta y deseosa de hablar de sus relaciones íntimas (…) Lo que constato es que la gente está tan agobiada por su vida profesional que no tiene tiempo para el sexo”. Pobrecitos.

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